martes, enero 25, 2011

OBSOLESCENCIA PROGRAMADA (COMPRAR, TIRAR, COMPRAR)



04.01.2011 - Baterías que se 'mueren' a los 18 meses de ser estrenadas, impresoras que se bloquean al llegar a un número determinado de impresiones, bombillas que se funden a las mil horas... ¿Por qué, pese a los avances tecnológicos, los productos de consumo duran cada vez menos?

Rodado en Catalunya, Francia, Alemania, Estados Unidos y Ghana, Comprar, tirar, comprar, hace un recorrido por la historia de una práctica empresarial que consiste en la reducción deliberada de la vida de un producto para incrementar su consumo porque, como ya publicaba en 1928 una influyente revista de publicidad norteamericana, "un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios".

El documental, dirigido por Cosima Dannoritzer y coproducido por Televisión Española, es el resultado de tres años de investigación, hace uso de imágenes de archivo poco conocidas; aporta pruebas documentales y muestra las desastrosas consecuencias medioambientales que se derivan de esta práctica. También presenta diversos ejemplos del espíritu de resistencia que está creciendo entre los consumidores y recoge el análisis y la opinión de economistas, diseñadores e intelectuales que proponen vías alternativas para salvar economía y medio ambiente

Una bombilla (ampolleta) en el origen de la obsolescencia programada

Edison puso a la venta su primera bombilla en 1881. Duraba 1500 horas. En 1911 un anuncio en prensa española destacaba las bondades de una marca de bombillas con una duración certificada de 2500 horas. Pero, tal y como se revela en el documental, en 1924 un cártel que agrupaba a los principales fabricantes de Europa y Estados Unidos pactó limitar la vida útil de las bombillas eléctricas a 1000 horas. Este cártel se llamó Phoebus y oficialmente nunca existió pero en Comprar, tirar, comprar se nos muestra el documento que supone el punto de partida de la obsolescencia programada, que se aplica hoy a productos electrónicos de última generación como impresoras o iPods y que se aplicó también en la industria textil con la consiguiente desaparición de las medias a prueba de carreras.


Consumidores rebeldes en la era de Internet

A través de la historia de la caducidad programada, el documental pinta también un fresco de la historia de la Economía de los últimos cien años y aporta un dato interesante: el cambio de actitud en los consumidores gracias al uso de las redes sociales e Internet. El caso de los hermanos Neistat, el del programador informático Vitaly Kiselev o el catalán Marcos López, dan buena cuenta de ello.

África, vertedero electrónico del primer mundo

Este usar y tirar constante tiene graves consecuencias ambientales. Tal y como vemos en este trabajo de investigación, países como Ghana se están convirtiendo en el basurero electrónico del primer mundo. Hasta allí llegan periódicamente cientos de contenedores cargados de residuos bajo la etiqueta de 'material de segunda mano' y el paraguas de una aportación para reducir la brecha digital y acaban ocupando el espacio de los ríos o los campos de juego de los niños.

Más allá de la denuncia, el documental trata de dar visibilidad a emprendedores que ponen en práctica nuevos modelos de negocio y escucha las alternativas propuestas por intelectuales como Serge Latouche, que habla emprender la revolución del 'decrecimiento', la de la reducción del consumo y la producción para liberar tiempo y desarrollar otras forma de riqueza, como la amistad o el conocimiento, que no se agotan al usarlas.

jueves, enero 20, 2011

Alerta Isla Riesco

Hay que tener las cosas claras frente a tanto absurdo: 
Si quieren invertir en carbón es porque es ganancia a corto plazo, y daño a largo plazo. La ganancia se las llevan ellos, los daños lo endosan al ecosistema y por ende, a nosotros mismos. Que corra la voz!
 




Mapa, ubicacion Isla Riesco Aquí

domingo, enero 16, 2011

Chile, un bote que hace agua y una tripulación cansada de achicar

Victor Ramos Muñoz
Publicado en El Ciudadano

Chile es un bote que hace agua, y los políticos de derecha y centroderecha que llevan co-gobernando este país durante más de 20 años, esos dos bloques de buenos amigos llamados Coalición por el Cambio y Concertación de Partidos por la Democracia, se esfuerzan como nunca, a través de diferentes acrobacias, en mantener la moral de la tripulación arriba, para no tener que ser ellos los que deban remar.

A través de todos los medios de comunicación todos los días, cada día y cada hora definen la percepción que “se debe” tener sobre las cosas. Siempre terminan bien parados según sus propias referencias, siempre son razonables y ponderados según sus propias referencias, siempre son una clase política seria y responsable según sus propias referencias. El actual gobierno, como los anteriores, dedica constantemente su esfuerzo en mantener en alto la imagen y la popularidad del mismo. Pese a que cada mes, las encuestas demuestran que el rechazo a ambas agrupaciones políticas, y al mismo gobierno, aumenta. Son solo eventos excepcionales que evitan una caída en la aprobación de estas figuras circenses, por lo tanto debemos estar consientes de dos cosas: de que harán todo lo posible por generar aprobación en la ciudadanía, y, la gran cantidad de personas que rechazamos a esta clase política.

El bote hace agua, la economía chilena responde al tipo de economía o país que se dice despectivamente “bananero”(*), el cual basa su subsistencia en la exportación y comercialización de sus materias primas. El cobre es la joya de la corona que depende en gran medida de la alta demanda de China, manteniendo su precio en niveles increíbles como son, centavos más centavos menos, los 4 US dólares la libra. El cobre se va por nuestros puertos tal cual como salió de la mina, sin más elaboración que los rasguños de las maquinas en su extracción. La clase política de ambos bloques se vanagloria  y contempla orgullosa sus grandes acuerdos, que recaudan cifras ridículas en conceptos de royalties, pero que aseguran el financiamiento de sus futuras campañas políticas y sus reelecciones.

Los libremercadistas del actual gobierno azuzan la venta de las sobras restantes a la gran subasta del Estado de Chile de los años ´80 y ´90 (**). Ahora aprueban vender la participación que tiene el Estado en empresas sanitarias Aguas Andinas, Esval, Essbio y Essal… bajo el argumento de obtener mayor liquidez para financiar la reconstrucción. La venta está estimada en 1.600 millones de US dólares (1). Plantean el tema como casi insignificante, como si el tener estas acciones fuese incómodo y poco rentable, pero no informan que Corfo se financia en gran medida con el dinero que esta participación entrega. (2) La justificación es a través del típico discurso de estos seres sobreideologizados  cuando comienzan a repartirse la carroña: que no funciona bien, que presenta una mala gestión, que en manos privadas estará mejor, etc., etc. La mejor solución, cómo no, es vendérsela a precio de huevos a sus amigos, que después cuando salgan del gobierno les darán trabajo, el costo, si es que es un lector atento, ya sabe quién lo pagará…

Los libremercadistas de la actual institución político-económica de este país, bajo la ley de reducir el Estado a su mínima expresión, venden la participación del Estado en cuestiones vitales como el agua, pero se les cae al suelo toda su doctrina al momento de salvar a los exportadores frenando la caída del dólar a través de la intervención del Banco Central. Enjaretándonos a nosotros los costos que los exportadores no están dispuestos a pagar, al fortalecer el US dólar frente al Peso aumenta necesariamente el precio del petróleo y por ende todo lo que implica el mercado interno de transporte, distribución y precios de mercancías básicas. ¿Y su libre mercado?… ¿No es que mientras más libre el Mercado mejor? ¿No es que el Mercado se autorregula? ¿Cuáles son los criterios para que el Estado intervenga al Mercado entonces?… ¿Sólo cuando hay que salvar a grandes capitalistas?… su ideología no es más que una coartada para justificar lo que le conviene en cada momento a la clase granempresarial.

Chile es un bote que hace agua, nuestra boyante economía está construida en barcos de papel,  en deuda, en deuda de todas las personas que ven en el crédito la única forma de subsistencia. Las grandes casas comerciales de venta al detalle (retail) se han enriquecido a través del cobro de intereses sin límites, y hoy en día les es más conveniente vender a crédito que al contado. La deuda de los hogares chilenos, como informa en un artículo Patricio Guzmán (3), pasó en una década a duplicarse “de un 22,6% del Producto Interno Bruto (PIB) en el año 2000, al 39,1% en 2009. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), en 2009 el PIB chileno superaba los USD 160.000 millones de dólares, y la deuda de los hogares chilenos equivale a unos USD 62.500 millones.” Estamos hablando de que el  40% de nuestro PIB nos es nada más que deudas…

Existe una precaria situación a nivel de derechos, en Chile el porcentaje de personas que pertenecen a un sindicato ronda con suerte el 25% de la masa laboral,  el secreto a voces es que quién se inscribe o crea un sindicato es despedido y puesto en listas que las propias empresas construyen e intercambian. Los trabajadores viven condiciones laborales del siglo XIX, véase nada más el publicitado caso de los 33 mineros atrapados en la Tercera Región, cuestión que no opaca el hecho de que sólo en la última década de “esplendor” económico hayan muerto cerca de 400 mineros.

El Derecho a Educación no existe, existe un precario sistema de educación público que está determinado por los municipios de cada comuna, ergo,  mientras más pobre la comuna, más pobre la escuela o el liceo, y así en vez de nivelar y equiparar desigualdades las reproduce y cristaliza. Por lo general, las familias de bajos ingresos perciben la escuela y liceos públicos como un alivio, por el simple hecho de que sus hijos pueden tener acceso a alimentación mientras asistan (desayunos y comidas). Y en el mejor de los casos salir como mano de obra poco calificada a la fila del eterno, y manipulado, 10% de cesantía estructural del país. Una Universidad Estatal cualquiera cobra anualmente por una carrera, de psicología por ejemplo, cerca de 3 millones de pesos, equivalente a un poco más de 6 mil US dólares, cuando el salario mínimo líquido llega a los 135 mil pesos equivalente a cerca de 280 US dólares. Esta brutalidad equivale a pensar que alguien lograse tener 22 salarios mínimos al año (2 jornadas de 45 horas semanales) sin gastar ni un céntimo en otra cosa que pagar la universidad de su hija o hijo. Muchos de los que hoy nos gobiernan estudiaron en universidades estatales gratuitas.

El Derecho a Salud tampoco existe. En Chile se ha inventado un Fondo Nacional de Salud, que no es nacional, es de clase, porque lo paga el sector de la población que no le alcanza para comprar un seguro privado que llamamos Isapres. Este Fondo Clasista de Salud es financiado por los sectores medios y pobres del país, quedando exentos de pagar impuestos las clases altas que se atienden en medios privados. El Fondo se divide en políticamente correctas subclases llamadas A, B, C, D. Donde la traducción políticamente incorrecta es: A significa indigencia/pobreza extrema o cesante, B muy pobre, C  pobre, y D más-menos pobre o clase media baja. Si eres muy pobre te atiendes gratis, pero en un contexto de precariedad y maltrato enorme por parte de los servicios públicos de atención, según revelan actuales investigaciones que intentan sacar a luz verdades que nadie quiere mirar (4). Si eres más o menos pobre o clase media baja te puedes atender en sistemas privados donde debes pagar una parte y el Fondo Clasista de Salud cubre la otra parte.  Evitas el maltrato sufrido en espacios gratuitos de atención, pero aumentan los costos exponencialmente según la gravedad que debas atender, por ejemplo, un día/cama pude costar cerca de 70 mil pesos (120 USD) donde el fondo subvencionara el 10%. Por lo tanto una hospitalización en un sistema privado puede arruinar a la ya mermada economía del hogar, y en un sistema “público” debes soportar la lentitud,  el maltrato y la rabia e impotencia que producen muchas veces el hacinamiento y las largas horas de espera,  pudiendo fácilmente compartir habitación con un numero muy alto de personas…

De la jubilación no quiero extenderme en relatar cómo un grupo de alquimistas traspasó toda nuestra ancianidad a manos privadas, instaurando un sistema sin precedentes a nivel mundial, donde son empresas privadas (AFPs: administradoras de fondos de pensiones) quienes nos pagan una jubilación de miseria, donde no existe comparación con quienes, muy pocos, mantuvieron el fondo social, quienes sí que gozan de una jubilación en condiciones.

Chile es un bote que hace agua, existen precios insoportables de artículos de primera necesidad para los hogares pobres de este país, país donde el Pan paga el mismo IVA que el Whisky. Nuestra economía se basa en el traspaso de las propiedades del Estado a manos privadas que luego nos traspasan los costos a nosotros mismos, en la inexistencia de Derechos básicos como la educación y la salud. Pero nuestros políticos de derecha y centroderecha que llevan co-gobernando este país durante más de 20 años, esos dos bloques de amigos llamados Coalición por el Cambio y  Concertación de Partidos por la Democracia, se esfuerzan como nunca, a través de diferentes acrobacias, en mantener la moral de la tripulación arriba, para no tener que ser ellos los que deban remar…

En lo personal,  no resisto el deseo de verlos a ellos remar…


Referencias:

(*) Aquel país que basa su economía en el monocultivo o la explotación de alguna materia prima en la cual basa su economía, estando siempre sometido a los designios que establecen las grandes compañías que explotan tal mercancía. Surge cuando United Fruit Company colocaba y sacaba gobiernos en Centroamérica.

(**) Como olvidar a nuestros queridos “Chicago Boys”, cachorros de Friedman desmantelando todas las empresas del Estado, traspasando todo ese suculento pastel a manos privadas, a sus parientes y amigos. Como olvidar a Eduardo Frei Ruiz-Tagle privatizando las empresas sanitarias, telefónicas, y de energía a empresas que en ese momento eran incluso estatales en España, pero operaban como privadas en Chile (luego llego Aznar… en fin).

miércoles, enero 12, 2011

Registra Cuba vacuna terapéutica contra cáncer avanzado de pulmón

La Jornada

Fruto de 15 años de investigaciones, es la primera a escala mundial, revela Trabajadores
Convierte el padecimiento en enfermedad crónica curable y no causa efectos adversos severos

Periódico La Jornada
Martes 11 de enero de 2011, p. 29
La Habana, 10 de enero.   

Científicos cubanos registraron la primera vacuna terapéutica a escala mundial contra el cáncer avanzado de pulmón, resultado de 15 años de investigaciones, con la cual han sido tratados hasta el momento más de mil pacientes en la isla, publicó hoy el semanario Trabajadores.

La jefa del proyecto de dicha vacuna en el Centro de Inmunología Nuclear de La Habana, Gisela González, manifestó a la publicación que la CIMAVAX-EGF “permite convertir el cáncer avanzado en una enfermedad crónica controlable, no provoca efectos adversos severos y ha demostrado ser segura."

“A diferencia de las quimioterapias y las radioterapias –usualmente empleadas en la atención del cáncer–, que desencadenan una elevada toxicidad, pues son inespecíficas y atacan tanto a las células malignas como a las normales, la CIMAVAX-EGF va hacia el sistema relacionado con el tumor”, aseveró.

Controla el tumor sin toxicidad asociada
La experta explicó que dicha vacuna ayuda a controlar el crecimiento del tumor sin toxicidad asociada y comienza a aplicarse una vez que el paciente concluye el tratamiento de radioterapias o quimioterapias y es considerado terminal, sin alternativa terapéutica.

Gisela González sostuvo que CIMAVAX-EGF está basada en una proteína que todos tenemos: el factor de crecimiento epidérmico, relacionado con los procesos de proliferación celular, que cuando hay cáncer están descontrolados. Agregó: Puede ser utilizada como tratamiento crónico que aumenta las expectativas y la calidad de vida del paciente.

Según la especialista, tras el registro en Cuba progresa su inscripción en otros países y se evalúa la manera de emplear el principio de esta vacuna en otros tumores sólidos, como los de próstata, útero o mama.

jueves, enero 06, 2011

Chile: Sobreendeudamiento, abusos y regulación

Patricio Guzmán 
La Haine    
03/1/2011

El endeudamiento de los hogares chilenos casi se duplicó en la última década, desde un 22,6% del Producto Interno Bruto (PIB) en el año 2000, al 39,1% en 2009. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), en 2009 el PIB chileno superaba los USD 160.000 millones de dólares, y la deuda de los hogares chilenos equivale a unos USD 62.500 millones.
 
El mercado interno chileno y el endeudamiento
En Chile el sector financiero, y la Gran Minería, son centrales en la recuperación de la recesión y el crecimiento económico que exhibe el país.

La economía tiene una alta dependencia del alto precio del cobre, por la demanda asiática, y en primer lugar de China. Fue el alto precio del cobre lo que estabilizó la economía chilena.
Los escenarios futuros, sin embargo, son inciertos. Especialmente con la renovada crisis de la deuda en Europa y las medidas de austeridad adoptadas por los gobiernos europeos que van a agravar el problema de demanda global, y la fragilidad que ha mostrado la economía de los Estados Unidos, sin recuperación del empleo, y por tanto de la demanda de los hogares que en el pasado. Los Estados Unidos eran la locomotora de la economía mundial hasta que estallo la crisis capitalista global, justamente partiendo en Norteamérica. Volveremos sobre esto en futuros artículos.

Aquí nos vamos a concentrar en el endeudamiento, que en Chile derechamente es sobreendeudamiento.
Es sabido que Chile está entre los países más desiguales en la distribución de la riqueza, existiendo una diferencia de alrededor de 17 veces entre los que más ganan y los que menos perciben. Pero es el endeudamiento, el consumo con recurso al crédito lo que explica el dinamismo que muestra el mercado interior. La facilidad de acceso al crédito, en ausencia de un aumento de la participación de los asalariados y de trabajadores por cuenta propia en la riqueza nacional, explica una buena parte del aumento del acceso a bienes cuya venta se ha disparado este año, como electrónica y automóviles.

Las cadenas de multitiendas y supermercados, lo que se ha dado en llamar el sector ‘retail’, comenzaron a entrar con fuerza en los últimos veinte años entre los sectores de menores ingresos, que no estaban ‘bancarizados’, en sus necesidades de crédito, porque los bancos los consideraban de alto riesgo y abrieron les abrieron el acceso a sus líneas de crédito. Esto amplió el acceso de miles de personas a la adquisición de productos y servicios, aumentando los niveles de consumo de las familias.

En las cadenas de supermercados y multitiendas, el crédito desplazó a la venta de productos como el centro del negocio, venta al detalle y crédito se entrelazaron estrechamente. Hoy el negocio de las cadenas de retail, antes que la venta de productos consiste en el crédito para que sus clientes los adquieran.

Las tasas de interés de estos comercios son de las más altas del mercado nacional y sus prácticas financieras y comerciales abusivas han sido objeto de un gran número de denuncias de tipo individual y varias colectivas. El crecimiento impetuoso del retail y de sus productos financieros les ha permitido acumular ganancias para internacionalizarse en América del sur, e incursionar directamente en el negocio bancario en Chile, como en el caso de los bancos Ripley, Falabella y París.

El Sector Retail En Chile; Un oligopolio
Al igual que en el caso de los bancos, en que los cinco primeros dominan el negocio, coincidentemente son cinco cadenas de retail las que concentran el grueso de la actividad.

Junto a la banca, las cadenas de casas comerciales y supermercados (el Retail) en Chile se han convertido en un sector de enormes ganancias y de alto crecimiento. Es un actor relevante en la industria financiera. En términos generales, la industria presenta una elevada concentración oligopólica, dominada por cinco holdings, los que compiten a lo largo de los distintos formatos y países donde mantienen presencia.

Por ingresos los principales del retail chileno son Cencosud y Falabella, además son las firmas con una mayor orientación hacia el llamado modelo multiformato y presentan un mayor grado de diversificación. Estas compañías están a la cabeza de las llamadas multilatinas chilenas. Cencosud, destaca en el rubro de supermercados. Además de su presencia en Chile, este holding tiene operaciones de supermercados significativas en Argentina, Brasil y Perú.

Falabella, que también presente en el formato de supermercados con la marca Tottus, es la primera cadena de tiendas por departamento, la prensa empresarial destaca su elevada eficiencia operacional y adecuado manejo del negocio de crédito. Falabella es la principal empresa en el negocio del crédito en el sector en Chile, además se ha internacionalizado y está en Colombia, Argentina y Perú.

En tanto, D&S, que controla la principal cadena de supermercados en el país con sus formatos bajo las marcas Lider, Ekono y A Cuenta, ahora controlado por la multinacional Wal-Mart. D&S, es lal mayor compañía de supermercados en Chile con una participación de mercado de 34,0%. Desde el año 2009, D&S está presente en Perú con tres tiendas A Cuenta.

Las otras dos grandes compañías restantes, son Ripley y La Polar, tiendas por departamento y al igual que las anteriores un negocio financiero. Estas cinco empresas concentran el negocio del Retail en Chile, y como se ve son un oligopolio a quienes el mercado chileno les ha quedado chico y se expanden por América Latina.

El endeudamiento de los hogares chilenos
De acuerdo con un informe del Banco Central (BC), que se conoció en mayo de 2010, el endeudamiento de los hogares chilenos casi se duplicó en la última década, desde un 22,6% del Producto Interno Bruto (PIB) en el año 2000, al 39,1% en 2009. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), en 2009 el PIB chileno superaba los USD 160.000 millones de dólares, y la deuda de los hogares chilenos equivale a unos USD 62.500 millones.

Un dato de interés es que lo que más creció en está década fueron los créditos de consumo. De acuerdo con el Banco Central las instituciones emisoras de crédito no bancarias aumentaron su participación desde un 26% del mercado en el año 2000 al 47% en 2008.

Al mismo tiempo que se incremento sostenidamente el endeudamiento total, la participación de la banca en el endeudamiento disminuyó en los últimos diez años de 81% a 72,1%., a favor de empresas no bancarias, fundamentalmente las grandes cadenas comerciales, el llamado sector retail.
La composición de la deuda de los hogares en 2009, era 45.09% hipotecas, 23.15 crédito de consumo bancario y 11.12% crédito retail.

Existe un extendido malestar entre la población por los efectos del endeudamiento, los intereses y gastos, las ventas atadas entre otros abusos de los bancos y cadenas comerciales.

Los peligros del sobre endeudamiento
La notable ampliación del acceso al crédito de la población chilena explica el incremento del consumo y la sensación de modernidad que ha existido en el país durante la década, pero paradójicamente también el malestar, la depresión y el estrés que presenta la población chilena se asocian, entre otras razones relevantes, a las presiones del endeudamiento excesivo.

El sobre endeudamiento ha impulsado el dinamismo que exhibe actualmente el mercado interno chileno, pero al mismo tiempo como afirmó nadie menos que el gerente general de la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras (ABIF), Alejandro Alarcón, “de no ser controlado, puede tener un lado muy negativo, considerando que la crisis subprime en EEUU se inició por el acceso al financiamiento que se otorgó a personas sin capacidad de pago.”

Quejas contra los bancos y el retail
De acuerdo con el Servicio Nacional del Consumidor, SERNAC, entre junio y octubre de 2010 se presentaron 15.730 reclamos al organismo. Los reclamos financieros que recibió, son liderados por quejas por las tarjetas de créditos del retail con un 64 por ciento, y en segundo lugar se ubicaron los bancos con un 32 por ciento. Entre los problemas que provocaron los reclamos se encuentran, los cobros indebidos, las ventas atadas de seguros y otros productos, las modificaciones unilaterales de contratos, y la suplantación de identidad.

La tasa máxima convencional que aplican las casas comerciales ha sido denunciada seriamente como usura. Esto podría agravarse si prospera la iniciativa de acabar con esta tasa limite con la excusa de ampliar la bancarización y la cobertura del crédito retail a los sectores más pobres y de más alto riesgo.
Sin desconocer la necesidad de una mayor regulación, que tenga por objeto central cautelar los intereses de los clientes, el problema central es que se trata de una relación profundamente desigual, entre empresas oligopólicas a nivel nacional, que proponen no verdaderos contratos en los que la otra parte tiene algo que decir, si no contratos ‘de adhesión’, de tomar o dejar.

Sernac Financiero
La que ha imperó en Chile desde la dictadura militar y durante los 20 años de gobiernos de la Concertación, fue la ideología de la desregulación. Pero durante la campaña de elecciones presidenciales, todos los candidatos se hicieron eco de los reclamos contra los abusos por los créditros de bancos y multitiendas. Fue así que Sebastián Piñera, prometió la creación de un SERNAC financiero, para “hacer que la legislación que exista se cumpla” ya que “hoy día muchos de los abusos que se cometen están prohibidos por la legislación”, así “los bancos cuando vean al frente a una institución fuerte y poderosa van a cuidarse mucho más de tratar mejor a sus clientes”.

Una vez en el gobierno las cosas no han sido tan claras, durante siete meses el gobierno no avanzó nada en el tema. Luego anunció que crearía la institución, pero poniendo el acento en la ampliación del acceso al crédito, más que en la defensa de los usuarios del sistema, es decir en tratar de promover aún más negocios para las empresas dedicadas al préstamo. A raíz de una circular de la SBIF de 22 septiembre que prohibía las llamadas “ventas atadas” y posteriormente otra circular del 15 de noviembre en que las vuelve autorizar la polémica llegó al gran público. Finalmente, el gobierno en un alarde de prestidigitación, distinguió entre ventas atadas y ventas conjuntas, indicando que las primeras serían prohibidas pero las segundas estaban permitidas.
Inicialmente tanto los bancos como las empresas retail han efectuado lobby y se opusieron a cualquier nueva regulación, y a la creación de un organismo como el SERNAC financiero. Según la Asociación de Bancos, que agrupa a las empresas del sector, “era innecesario un SERBAC Financiero, porque todo ya está regulado por la Superintendencia de Bancos (SBIF) en sus circulares y reglamentos”, “sería irresponsable proponerlo, solo va a confundir más a la gente”, “rigidiza el sistema” “la SBIF ya tiene un defensor del cliente bancario”, “sería una doble legislación”. Además, desde antes de la elección de Piñera, la Asociación de Empresas Retail se opuso al intento de crear un registro único de deudores, que incorporara tanto los préstamos bancarios como los de las cadenas comerciales.

Ahora la Asociación de Bancos parece resignarse a lo inevitable, y admite que habrá SERNAC financiero, sus presiones buscan el objetivo de limarle filo a cualquier amenaza, supuesta o real, de que se ponga en pie un organismo con reales capacidades fiscalizadoras, y una legislación que defienda los derechos de los usuarios del crédito.

Foto del articulo en: Radical Libre

martes, diciembre 21, 2010

CARTA ABIERTA A SANTA CLAUS

Luis Sepúlveda
Gijón, Diciembre de 2010.

Estimado Santa Claus, Papá Noël, Viejo Pascuero, o como quiera llamarse o ser llamado: Confieso que siempre le he tenido simpatía porque; en general me gusta Escandinavia, su traje rojo me resulta premonitorio y, porque tras esas barbas siempre he creído reconocer a un filósofo alemán que cada día tiene más razón en lo que afirmó en varios libros muy citados pero poco leídos.


No tema por el tenor de esta carta, no soy el niño chileno que hace varios años le escribió :”Viejo Cabrón, el año pasado te escribí contándote que, pese a ir descalzo y en ayunas a la escuela, me había sacado las mejores notas y que el único regalo que quería era una bicicleta, en ningún caso nueva, no tenía por qué ser una mounty byke, o para correr el Tour de France. Quería una simple bicicleta, sin cambios, para ayudar a mi madre en el reparto de la ropa ajena que lava y plancha en casa. Eso era todo, una puta bicicleta, pero llegó navidad y recibí una estúpida corneta de plástico, juguete que he conservado y te envío con esta carta para que te la metas en el culo. Deseo te de el sida, viejo hijo de puta”.

¿Fueron sus elfos los responsables de tan monstruoso desaguisado? Pues bien, estimado Santa Claus, seguramente este año recibirá numerosas peticiones de bicicletas, pues el único porvenir que espera a los chicos del mundo es como mensakas, sin contrato laboral y condenados a repartir paquetes hasta los 67 años. Sin embargo yo no le pido una bicicleta, le pido en cambio, un esfuerzo pedagógico, y que ponga a sus elfos y renos a escribir millones de cartas explicando qué son y dónde están los mercados.

Como usted bien sabe, nos han jodido la vida, rebajado los sueldos, esquilmado las pensiones, retirado el subsidio de paro y condenado a trabajar a perpetuidad para tranquilizar a los mercados.

Los mercados tienen nombres y rostros de personas. Son un grupo integrado por menos del uno por cien de la humanidad, y son al mismo tiempo los dueños del 99 por cien de la riqueza. Los mercados son los integrantes del concejo de accionistas, y los mismos accionistas de, por ejemplo, un laboratorio que se niega a renunciar a los royalties de una serie de medicamentos que, si fueran genéricos, salvarían millones de vidas. No lo hacen porque la vida no es rentable, pero la muerte sí lo es, y mucho.
Los mercados son los accionistas de las industrias que envasan zumo de naranjas, y que esperaron hasta que la Unión Europea anunciara leyes restrictivas para los trabajadores no comunitarios, que serán obligados a trabajar en España u otro país de la Unión Europea, según los reglamentos del trabajo y condiciones salariales de sus país de origen. Apenas esto ocurrió, en las bolsas europeas se dispararon los precios de la próxima cosecha de naranjas. Para los mercados, para todos y cada uno de esos accionistas, la justicia social no es rentable, pero la esclavitud sí, y mucho.

Los mercados son los accionistas de un banco que, embarga el piso a una mujer con un hijo inválido. Para todos y cada uno de esos accionistas, gerentes y directores de departamentos, las razones humanitarias no son rentables, pero el despojo, la expulsión de la pobreza a la miseria sí lo es, y mucho. Y para los estafadores de la esperanza, sean estos de derecha o derecha, pues no hay otra opción entre los defensores del sistema responsable de la crisis causada por los mismos mercados, despojar de su vivienda a esa anciana fue una señal para tranquilizar a los mercados.

En Inglaterra la criminal alza de las tarifas universitarias se hizo para tranquilizar a los mercados. El descontento social engendrará inevitables acciones por la supervivencia, y los mercados pedirán sangre, muertes, para tranquilizar su apetito insaciable.
Que sus elfos y renos expliquen detalladamente que en medio de esta crisis económica generada por la voracidad especulativa de los mercados y por la renuncia del Estado a controlar los vaivenes del dinero, ningún banco ha dejado de ganar, ninguna sociedad multinacional ha dejado de ganar, y hasta los economistas más ortodoxos de la teoría de mercado, concuerdan en que el principal síntoma de la crisis es que los bancos y las empresas multinacionales ganan menos, pero en ningún caso han dejado de ganar. Que sus elfos y renos expliquen hasta la saciedad que fue el mercado el que se opuso a cualquier control estatal a las especulaciones, pero ahora imponen que el Estado castigue a los ciudadanos por la merma de sus ganancias.
Y por último, permítame pedirle algo más: miles, millones de banderas de combate, barricadas fuertes, adoquines macizos, máscaras antigás, y que la estrella de Belén se convierta en una serie de cometas incandescentes con un blanco fijo: las Bolsas, que ardan hasta los cimientos, pues las llamaradas de cien hermosos incendios nos darían, aunque temporalmente, una inolvidable Noche de Paz.

jueves, diciembre 09, 2010

En nuestra contra, Piñera y Lavín en su lucha por una tabla rasa

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Por Victor Ramos Muñoz.
 
Dentro de las más antiguas estrategias efectivas de controlar, someter y dominar una cultura, clase social, familia o individuo, se encuentra el transformarlo todo en tabula rasa. Desde las Guerras Púnicas que terminan con la destrucción de Cartago y la noble tarea civilizadora de su conquistador Publio Cornelio Escipión Emiliano, quien fue elevado en los altares por Roma al cumplir con el honroso deber de quemar y destruir hasta los cimientos la ciudad, vender como esclavos por todo el mediterráneo los seres humanos que la formaban. Para que no se nombrara nunca más, para que no se dudara de la superioridad de Roma de ahí en adelante. Para que nadie en el futuro tuviese la posibilidad de encontrar en Cartago inspiración y revelarse contra el poder e imperium de la República. Desde las Guerras Púnicas y un par de milenios después, en las cámaras de tortura en los sótanos de nuestro país se repite la historia. Abnegados funcionarios del tirano de turno, aplicaban día tras día con pasmosa rutina, rudimentarias formas de causar dolor en los cuerpos de sus prisioneros. Para dejar bien escrito en la memoria física de los cuerpos y en la memoria lingüística colectiva del pueblo que recogía sus restos “el triunfo de la fuerza: la superioridad de los vencedores y la inferioridad de los vencidos…” (1)
Como se ha escrito antes en Chile como en otras latitudes, el verdugo o el conquistador perdonó a la víctima y no al revés como pudiese parecer. Y es desde ese tipo de relaciones de dominación desde donde percibimos y conocemos nuestro mundo. “Desviaste el camino…, te torturaré, encarcelaré, exiliaré, asesinaré y desapareceré tu cuerpo, para luego, cuando enmiendes el camino, perdonar tu error…” Podría ser la metáfora que caricaturice la breve historia evolutiva de este dominio relacional, que funda nuestra “democracia tutelada por los verdugos” para ser justos con los verdugos, siempre excluidos, siempre en las sombras y en un segundo plano en estos largos 20 años. Lograron, permitiéndonos seguir con vida, borrar cualquier signo de rebeldía o pensamiento crítico de nuestra cultura, y formar un rebaño obediente y ansioso por figuras de autoridad que le indiquen y cuenten qué pensar, qué sentir, qué vestir, qué comprar y qué comer a través de las grandes empresas de información para las masas. Hecha la tabla rasa, se raya culturalmente los límites de lo razonable y lo realizable, una vez hecho el trabajo sucio y monótono de asesinar y desaparecer, aparece el pulcro trabajo intelectual de rellenar los vacíos dejados en la trama cultural.
La biblioteca de Bagdad fue arrasada dentro del primer mes de ocupación. Quemada hasta sus cimientos, la tierra que vio nacer la escritura desaparece en un par de días. “Los saqueos se repitieron una semana más tarde y, sin mediar palabra, un grupo llegó en autobuses de color azul, sin sellos oficiales, el día 13, y alentado por la pasividad de los militares que circulaban unas calles más allá, roció con algún combustible los anaqueles y les prendió fuego. Es obvio que se hicieron también piras con libros para encenderlos. Según otra versión, se usaron fósforos blancos, de procedencia militar, para el incendio, y hay evidencias que lo confirman. Pasadas unas horas, una columna de humo podía verse a más de cuatro kilómetros y en ese incendio voraz desaparecieron las obras…” “…El secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, a manera de excusa ante estos hechos, comentó que «la gente libre es libre de cometer fechorías y eso no puede impedirse»”. (2) No solo es necesario exterminar a las personas, es necesario exterminar el conocimiento que sobre sí mismos pudieran tener quienes sobreviven a esas personas, es necesario en pro de nuestra libertad, desaparecernos y llegar limpios al libre mercado que nos hará libre.
Piñera y Lavín están en contra nuestra, en contra de nuestra cultura, por miserable que sea, contra nuestra historia, por humillante que sea. Piñera y Lavín proponen lo que en definitiva es lógico. Proponen avanzar y profundizar aun más en el cultivo de seres humanos sin memoria, sin raíces, sin más perspectivas de trascendencias, que un automóvil o una vivienda con que ser recordados. En el año donde la elite política celebra un supuesto bicentenario de independencia colonial, el ministro Joaquín Lavín, numerario Opus Dei les dice a nuestras hijas que se concentren, cual rebaño de sumisas ovejas, en lo que importa al Mercado de su Jefe, los Números y las Letras, el Abaco y el abecedario. Números y letras sin contexto, sin historia, sin sentido, El Quijote de la Mancha por el Quijote de la Mancha, sin Cervantes escapando de cárceles de los tiranos de turno. Algoritmos sin el esplendor de las culturas árabes frente al oscurantismo medieval occidental.
En Chile el verdugo como siempre nos vuelve a dar caritativamente otra vez la oportunidad, esta vez aun más noble, de confiar en sus manos la manera en que nuestras hijas, hermanos, sobrinas percibirán y conocerán el mundo, la manera en que comprenderán y se explicarán el mundo que les tocará vivir. Un mundo donde sus padres, tíos y abuelos, sumisos en sus casas, aislados de cualquier tipo de organización social, arriadas las banderas de la emancipación humana sobre la tiranía económica, enterradas las esperanzas de un mundo digno y justo, en silencio y cabezas gachas dejaron una vez más que se hiciera con su mundo lo que el dominador dice que debe ser.

(1) Del libro “Crímenes de guerra” publicado por el Comité de Solidaridad con la Causa Árabe y que incluye el informe de los brigadistas sobre víctimas civiles, Madrid 2003. http://serhumanolibre.blogspot.com/2010/11/trofeos-de-guerra-las-cronicas-de.html

(2) Atentado Cultural en Iraq. El Enigma de los libros destruidos en Bagdad. http://www.revistanumero.com/39irak.htm

Estamos muertos en la cárcel de San Miguel los 83

Por Andrés Figueroa Cornejo.
Diciembre 8 de 2010, 13:30 h


La delincuencia, fuera de las patologías psiquiátricas marginales, es producto de la miseria y la ignorancia.

A las 5:48 horas de la madrugada del 8 de diciembre de 2010, los bomberos recibieron un llamado telefónico probablemente de un interno de la cárcel del San Miguel, comuna de la Región Metropolitana, donde se estaba produciendo un siniestro con consecuencias fatales sin precedentes en la historia de las penitenciarias chilenas. Sin embargo, el incendio habría comenzado alrededor de las 4:00 horas de la madrugada, es decir, casi dos horas antes de que llegara auxilio, a las 6:00. De acuerdo a versiones preliminares, ya son 83 los reos calcinados y muertos por asfixia. A ello se agregan más de 300 heridos y un número indeterminado de presos en riego vital que están distribuidos en distintos recintos hospitalarios de Santiago. La tragedia se concentró en el cuarto piso de la torre 5 de la cárcel. Durante los acontecimientos, sólo había cinco funcionarios de Gendarmería en un recinto donde estaban recluidas 1.961 personas, toda vez que la prisión está habilitada para 900 hombres. Es decir, los niveles de hacinamiento superaban más de un 100% las instalaciones. Los familiares de los reos, presa de la desesperación y la incertidumbre debido a las escasas informaciones vertidas oficialmente, lanzaron huevos y piedras a las autoridades y la policía.

De modo oficial resultan opacas las razones que originaron el desastre. Lo cierto es que independientemente de las responsabilidades inmediatas –eventual negligencia de gendarmes en particular-, existen responsabilidades políticas de fondo que recaen en los gobiernos anteriores y en el actual, y de los actuales ministros de Salud y de Justicia, Jaime Mañalich y Felipe Bulnes.

ANTECEDENTES
En los últimos 10 años el incremento de la población carcelaria fue de 22.000 mil presos a 52.621 hoy. Considerando los reos que están beneficiados por políticas intrapenitenciarias o sistema abierto se llega a 55.000 mil reclusos. Esto es, el sistema penitenciario chileno es responsable de 107 mil personas.
El modelo privado que cuenta con subsidiado estatal generado con el propósito formal de aminorar el hacinamiento ha resultado un fracaso. En la actualidad, en los recintos concesionados existen tres presos en calabozos hechos para un interno. En la prisión femenina hay 300 reclusas en una habitación con capacidad para 80 personas, mientras que en la penitenciaría las instalaciones para 120 internos alojan a 800 reos.

La ley indica que el objetivo fundamental de la reclusión es la rehabilitación del preso con el fin de su eventual inserción social. No obstante, en el último tiempo se redujo el presupuesto para Gendarmería en más de 2.600 millones de pesos (US$ 5 millones 200 mil dólares). Esa cifra deviene en que ninguna cárcel posee programas de rehabilitación.

El modelo penitenciario estatal invierte por recluso 290 mil pesos (US$ 580), en tanto en los penales privatizados, prácticamente 600 mil pesos (US$ 1.200). En el sistema privado, los montos comportan enseñanza, salud, especialistas en rehabilitación, comida, y gastos en arriendo del recinto, agua y luz. Inversamente, bajo el modelo fiscal, por menos de la mitad de los recursos todas las labores anteriores deben efectuarlas los gendarmes.

En Chile hay un funcionario de gendarmería por 91 presos. Investigaciones, hechas por el gremio de gendarmería, informan que sus trabajadores laboran para el Estado más de 12 millones de horas extraordinarias no canceladas.

EL FONDO DEL DESASTRE
Mientras mediáticamente Piñera intenta explicar con abundante demagogia, como si fuera parte de la oposición –tomando distancia absurda respecto de su propia administración y culpando al eslabón más frágil de la cadena carcelaria-, una vez más, el mandatario enfrenta una crisis que revela las condiciones de subdesarrollo de Chile, asociadas, en este caso, a las inexistentes estrategias de prevención de accidentabilidad, resguardos sanitarios, rehabilitación efectiva de los reos, y un hacinamiento estructural del sistema penitenciario. Tras estos fenómenos se oculta el más profundo desprecio y abandono respecto de un segmento de la población chilena que es pobre y cuyo comportamiento está gatillado esencialmente por las pésimas condiciones de vida de las clases subalternas, la ausencia de una formación cultural digna, el desempleo, falta de porvenir y expectativas de desarrollo personal y colectivo, y la alienación social provocada por el imperio del fetiche del consumo innecesario que facilita la constitución de una subcultura ligada a la violencia y produce relaciones sociales dañadas y dañinas. Si no terminan las más que precarias condiciones materiales y educacionales de importantes segmentos de la desigual sociedad chilena, la delincuencia cobrará, simétricamente, una tendencia creciente y sin control. He aquí como se suma una nueva denuncia para la conmemoración del Día Internacional de los Derechos Humanos el 10 de diciembre, dos días después de la inédita tragedia.

jueves, noviembre 25, 2010

"Al centro de la injusticia".

"Chile limita al norte con el Perú
y con el Cabo de Hornos limita al sur,
se eleva en el oriente la cordillera
y en el oeste luce la costanera.
Al medio están los valles con sus verdores
donde se multiplican los pobladores,
cada familia tiene muchos chiquillos
con su miseria viven en conventillos.
Claro que algunos viven acomodados,
pero eso con la sangre del degollado.
Delante del escudo más arrogante
la agricultura tiene su interrogante.
La papa nos la venden naciones varias
cuando del sur de Chile es originaria.
Delante del emblema de tres colores
la minería tiene muchos bemoles.
El minero produce buenos dineros,
pero para el bolsillo del extranjero;
exuberante industria donde laboran
por unos cuantos reales muchas señoras
y así tienen que hacerlo porque al marido
la paga no le alcanza pal mes corrido.
Pa no sentir la aguja de este dolor
en la noche estrellada dejo mi voz.
Linda se ve la patria señor turista,
pero no le han mostrado las callampitas.
Mientras gastan millones en un momento,
de hambre se muere gente que es un portento.
Mucho dinero en parques municipales
y la miseria es grande en los hospitales.
Al medio de Alameda de las Delicias,
Chile limita al centro de la injusticia."

Violeta Parra - Isabel Parra.

miércoles, noviembre 24, 2010

No son teorías conspiratorias: Wendell Potter, ex empleado de CIGNA e informante, pide disculpas a Michael Moore por la campaña de desprestigio

Rebelión/Democracy Now!

El pasado  lunes 22 de noviembre el programa Countdown de la cadena NBC, dirigido por el periodista progresista Keith Oberman ofreció una entrevista con Michael Moore y Wendell Potter. En una escena sin precedentes en la televisión nacional estadounidense, Wendell, ex-director de comunicación empresarial del gigante de seguros de salud CIGNA, pidió disculpas a Michael Moore por la campaña de difamación que dirigió cuando se estrenó la película Sicko sobre los efectos de las aseguradoras médicas privadas en Estados Unidos. Potter explicó que antes de que saliera la película las aseguradoras médicas privadas prepararon una campaña dirigida a desprestigiar la persona y el trabajo de Michael Moore. El miedo de las aseguradoras: que la película desencadenara un potente movimiento social en favor de la aprobación del seguro médico público universal. En las reuniones internas, ejecutivos de estas compañías llegaron a amenazar con tirarlo por un barranco si tal cosa sucedía.

Como parte de su trabajo Potter fue a varias presentaciones de la película y se presentó con su hijo en la premiére del documental en el pueblo de Michael Moore. Como prueba del viaje Potter incluyó una foto de aquella presentación en su blog. El trabajo de Potter consistía en investigar las películas de Moore, su vida, la vida de su familia y los posibles ángulos de ataque que después fueron reproducidos por la mayoría de los medios para disuadir al público estadounidense de ver la película de Moore. El ataque consistía en repetir que los datos en la película eran incorrectos y que Moore era un director anti-estadounidense que quería imponer el comunismo en Estados Unidos. Los argumento de CIGNA han sido utilizados incluso por George W. Bush en su reciente libro de memorias.

Michael Moore visiblemente conmocionado por la noticia, aceptó las disculpas, pero añadió “creo que ambos sabemos que esto va mucho más allá de lo que se hizo conmigo o contra la película”. Moore dijo que la industria estaba dispuesta a gastar cientos de miles de dólares en un intento de “frenar una película” porque temían que la misma “pudiera desatar un levantamiento populista” contra, según sus palabras, “un sistema enfermo que permitiría que las empresas se lucren a nuestra costa cuando nos enfermamos”. Moore también preguntó a Potter qué sentía sabiendo que estaba mintiendo abiertamente para proteger los intereses de las compañías de seguros. Potter respondió que no podía vivir tranquilo y que por eso decidió confesarlo todo. Moore respondió que se alegraba de tal cambió de actitud porque las aseguradoras son responsables de la muerte millones de personas en el país. Potter aceptó esta tesis y añadió que la mayoria de la información de Sicko era correcta.

Para los que todavía piensan que las campañas de difamación son puras teorías conspiratorias éste es un momento de verdad. Fuera de Estados Unidos esto puede parecer una verdad banal, pero una declaración de este tipo en la televisión nacional es realmente significativa.

Entrevista completa: http://www.democracynow.org/2010/11/23/the_fear_of_sicko_cigna_whistleblower
rCR

viernes, noviembre 19, 2010

Trofeos de Guerra. Las crónicas de Vargas Llosa en Iraq.

(Del libro “Crímenes de guerra” publicado por el Comité de Solidaridad con la Causa Arabe y que incluye el informe de los brigadistas sobre víctimas civiles, Madrid 2003).


A veces las cosas son tan sencillas que uno se deja llevar por el desánimo; son tan sencillas y funcionan con tan pocos elementos que no hay forma de cambiarlas. Lo más terrible que puede decirse de las relaciones de dominio -conyugales, económicas o coloniales- es que simplifican enormemente el universo mental de los implicados, reducido a las dos evidencias redondas que acompañan y legitiman desde hace miles de años el triunfo de la fuerza: la superioridad de los vencedores y la inferioridad de los vencidos. Un poco por pedantería y un poco por superstición -con la esperanza de aumentar la fragilidad de la trama al exagerar su complejidad- he buscado durante mucho tiempo acercamientos más difíciles, más ramificados, más elaborados. Pero me rindo. Todo es tan sencillo que sobrevivirá, tan plano que no caerá: cada uno de los gestos de eso que llamamos Occidente, cada uno de sus parloteos y parlamentos, sus juguetes, sus depresiones, sus periódicos, sus cestas de la compra, sus valores, cada uno de sus adornos de Navidad y cada uno de sus electrodomésticos, presupone y refuerza el más simple y tranquilo desprecio por el otro; el más bondadoso, amable, ingenioso y correcto desprecio por los demás; la más dulce, inteligente y moderada negación del prójimo. No se puede dominar al otro sin violencia; no se le puede violentar sin despreciarlo; pero los podemos despreciar tan cargados de razón, tan henchidos de humanidad y de moral que acabamos ironizando sobre nuestras víctimas, perfeccionándonos con su dolor y afilando nuestra capacidad de amar en sus muñones. El etnocentrismo es uno de los mecanismos de producción de identidad más primitivos de la historia; pero es la primera vez que una pequeña tribu de un remoto rincón de la tierra -que hoy representa a menos de la quinta parte de la humanidad- reúne la suficiente fuerza y aplica la bastante violencia como para imponer al resto del mundo su visión cerrada y sus costumbres particulares; tanta fuerza y tanta violencia, tan extendida, tan sin fronteras, que esa visión cerrada ha acabado por parecernos abierta y esas costumbres particulares han acabado por parecernos universales.

En este verano del 2003 en el que escribo estas líneas, la resistencia frente a la ocupación estadounidense aumenta en Iraq mientras disminuye en el resto del mundo. Y el simple y tranquilo desprecio de los otros vuelve a apoderarse de españoles y europeos, como el sueño de la siesta, abanicado por hazañas deportivas y ronroneos de famosos en cueros y alcaldes en camisón.

A mediados de julio oigo en la televisión de un bar la noticia del verano: un grupo de indeseables, entre los que se encuentran "algunos inmigrantes", ha sido sorprendido haciendo fotografías a mujeres que tomaban el sol o se cambiaban de ropa en playas, vestuarios y piscinas públicas de Alemania. La justa cólera de las afectadas ha sido amplificada por la lógica solidaridad de la sociedad alemana y occidental, cuyo escándalo frente a esta operación de voyeurismo no consentido, intolerable agresión a la libertad individual, ha repercutido en toda una serie de comentarios e indignaciones mediáticas contra estos ladrones de imágenes cuya identidad cultural -se sobreentendía- no era ajena a su comportamiento irespetuoso.

El lunes 4 de agosto leo en El País la crónica mandada por Mario Vargas Llosa desde Iraq. En ella nos cuenta con indisimulable admiración que su hija Morgana, desatendiendo sus consejos y provista de una abbaya , entró con él en la mezquita de Ali, en Nayaf, uno de los lugares santos del chiismo, y se puso a hacer fotografías. Entonces "un exaltado creyente" que allí rezaba se sintió incomprensiblemente ofendido y "le lanzó un manazo a la cara, que la cámara atajó". ¿Qué ocurrió después? "El guardaespaldas que la acompañaba se llevó las manos a la cabeza, indignado con esa manifestación de obscurantismo" al tiempo que "varias personas del entorno contuvieron y apartaron al agresor". Conclusión lógica del escritor: "las virtudes democráticas de la tolerancia, de la coexistencia en la diversidad, parecen ajenas a estos pagos". (Los subrayados, que son míos, dejan bien claro que uno es siempre más que varios cuando se trata de retratar la verdadera idiosincrasia de un pueblo).

Al parecer los ladrones de imágenes de Alemania, entre los que había -insisto- "algunos inmigrantes musulmanes", no querían las fotografías para consumo privado sino para su explotación pública y comercial en internet, lo que sin duda subraya el carácter abyecto de su delito. ¡Qué bonito, en cambio, el reportaje fotográfico firmado por Morgana Vargas Llosa y publicado a todo color en el dominical de El País del 27 de julio, como anuncio y anticipo del "diario de Iraq" excogitado sobre el terreno por su padre y del que hemos extraído el pasaje anterior! El propio escritor había redactado las leyendas y al pie de estas imágenes de niñas, tenderos y funcionarios bagdadíes sorprendidos en sus actividades cotidianas, figuraban textos entrecomillados, como si se tratase de las declaraciones personales de los fotografíados, pero cuyos nombres y pensamientos se había inventado -según advertía discretamente la entradilla- el genio fértil del peruano.

Es ésta la universal moral de nuestra tribu: son siempre ellos -aquí o allí- los que faltan al respeto y se propasan, los intolerantes, exaltados, agresores y abusones. Lo normal es que nosotros no aceptemos que nos fotografíen en nuestras playas o nuestras iglesias y que ellos acepten ser fotografiados en todas partes: mientras rezan, mientras trabajan o mientras se mueren. Lo normal es que nosotros protejamos nuestras costas de la "invasión" de los inmigrantes y que invadamos sus países con nuestros tanques o nuestros mercachifles. Lo normal es que los marroquíes se adapten en España a nuestra cultura y que los españoles en Marruecos vivan en fortalezas de lujo y clubes exclusivos donde pueden seguir comiendo tortilla de patata y consumiendo espárragos de la península. Lo normal es que, protegidos por guardaespaldas, disparemos nuestras cámaras (o nuestros cañones) y los iraquíes sean los "agresores". Lo normal es que defendamos nuestra "imagen" con uñas y abogados mientras a ellos les robamos no sólo su vida y su riqueza sino también su cara, su nombre y sus pensamientos. Lo normal es que nos preocupe mucho que nuestros políticos roben nuestro dinero y muy poco o nada que maten a extranjeros. Y lo lógico, con este concepto de normalidad, es que interpretemos la resistencia de los pobres y los vencidos a ser fotografiados (o esquilmados y asesinados) en clave cultural, como una superstición relacionada con el alma o como la natural renuencia de su religión, inscrita en las aleyas del Corán, a la democracia y la civilización. ¿No podría ocurrir que estos iraquíes fuesen en realidad como nosotros y no les gustase esta intromisión en su vida privada y en su libertad individual? No. Esto sería aceptar rebajarnos a la altura de aquellos a los que robamos, degradarnos al rango de los que matamos y, en definitiva, equipararnos a aquellos que despreciamos. Lo que a nosotros no nos gusta que nos hagan, debe gustarles a ellos porque se lo hacemos nosotros. El "escándalo" de Vargas Llosa ante la "agresión" sufrida por su hija demuestra el mismo simple y tranquilo desprecio por los otros que la indignación de los marines sorprendidos de que sus tanques Abram fuesen recibidos por disparos y no por vítores en su avance por el desierto iraquí. Los disparos y las fotografías deben ser unilaterales para que sean racionales; y si bombardeamos dulcemente sus ciudades, mutilamos con cariño a sus niños, nos quedamos honestamente con su petróleo, saqueamos desinteresadamente sus museos, les dejamos caritativamente sin electricidad ni agua, allanamos educadamente sus casas y luego vamos, acompañados de guardaespaldas, a fotografiar respetuosamente sus primitivos ritos, entonces el manotazo de "un exaltado" es, por contraste, irracional, fanático e incivilizado.

Vargas Llosa quiere que admiremos la proeza de su hija y nos indignemos ante la intolerancia de su "agresor". Hay algo enternecedor en este orgullo paterno ante el carácter díscolo de una hija a la que no importa poner en peligro su vida con tal de poder despreciar la de los otros. La traviesilla, en compañía de su amiga Marta y de un matón, en alas de la aventura, "se mete a la mezquita ¡haciéndose pasar por una musulmana afgana!". Todo el que haya visitado Iraq (o cualquier otro país árabe) sabe de la ridícula consistencia de esta escena, orientada al mismo tiempo a alimentar los prejuicios de los ignaros, con esta visión exótica y "medieval" del país, y a excitar literariamente su paternidad engallada. Pero hay algo también enternecedor en la ingenuidad letrada con la que Vargas Llosa -al que hay que reconocer al menos sus lecturas- evoca sin citarla, en la hazaña de la hija bravía, la aventura de Robert Burton, el genial espía del imperio británico, excelente escritor y notable antropólogo, que a mediados del siglo XIX logró peregrinar hasta la Meca disfrazado de hakim afgano. Conmueve, sí, esta asimilación abusiva, fuera de toda proporción, entre una niña ignorante a la que habría que dar una buena azotaina (no por su temeridad, no, sino por su descortesía de niña mimada) y un extraordinario y versátil aventurero con el que sólo comparte la misma visión imperialista, un hombre que dominaba la lengua árabe y conocía las costumbres musulmanas hasta el punto de hacerse pasar sin sospechas durante meses por un médico pashtun. A un padre enamorado se le perdona todo. ¿No nos gusta ver a nuestros niños reír, aunque para ello tengan que destripar alguna que otra rana? ¿Y no nos indignaría que el jardinero les regañara? Pero este "enternecimiento", como la propia inspiración literaria de Vargas Llosa (que recupera así la más rancia tradición del orientalismo de los imperios coloniales decimonónicos), implica el desprecio espontáneo del otro, al que sólo se ve como ocasión o pretexto para subrayar las propias virtudes, militares o literarias. Es la moral universal de nuestra tribu: nuestra virtud, nuestro talento, nuestra reputación se forjan contra la salud, el bienestar y la vida de los forasteros. Es básicamente un problema de educación, de ese mínimo de reconocimiento de la existencia ajena cuyo último refugio es la cortesía. Yo no lo habría hecho así. Si sorprendiese a mi hija fotografiando cuerpos desnudos en una playa, le diría algunas palabras muy duras y le confiscaría la cámara durante unas horas; si sorprendiese a mi hija -yo, que soy también ateo, como Vargas Llosa- fotografiando a hombres que rezan en una iglesia donde está expresamente prohibida la presencia de cámaras, durante una misa o un funeral y en otro país, y eso después de una sangrienta invasión extranjera, le daría unos buenos azotes, le obligaría a pedir disculpas, uno por uno, a todos los presentes y luego la mandaría de nuevo a la Universidad a estudiar algo en serio. Y si uno de los orantes diese un manotazo a su cámara y varios acudiesen a defendernos, yo comprendería la reacción del primero y mostraría mi agradecimiento a los segundos y no tendría más remedio que reconocer, muy a mi pesar, que la mayoría de los cristianos de ese país pertenecen a la clase de gente más tolerante, generosa y civilizada del planeta.

Vargas Llosa, que no viajó al Iraq supliciado por el embargo, viaja en este verano del 2003 al amparo de los tanques estadounidenses. Su pluma no es más que un instrumento ancilar de la invasión y la cámara de Morgana sólo la extensión natural de los misiles y los cañones. El derecho a entrar en la mezquita de Ali, a pasearse desenvueltamente por los lugares santos del chiismo y fotografiar a sus fieles no es el derecho de la civilización, la razón y la tolerancia; ni siquiera el derecho de la hospitalidad otorgado por un anfitrión reconocido; es el derecho del ocupante. Vargas Llosa está ocupando Irak con el ejército estadounidense, y su derecho es el derecho de conquista. Está tratando a los iraquíes como vencidos , con la simple y tranquila naturalidad de un cónsul romano que no distingue, entre las riquezas de su botín, hombres, jarrones y sextercios de oro. Lo entiende todo, con su refinada inteligencia, salvo que no guste su presencia allí. Para entender eso tendría que ser capaz de retroceder más acá de sus planas evidencias tribales y reconocer la existencia de los iraquíes, concederles una normal y universal humanidad, representarse sus sufrimientos y pedirles perdón por haber llegado demasiado tarde. El prefiere pensar que el "botín" se merece lo que le pasa y que hay algo en esas criaturas intrínsecamente incompatible con el cartesianismo, la tolerancia y la democracia.

Las crónicas de Vargas Llosa merecerían un detallado examen, como expresión culta, exhaustiva y depurada del tranquilo y virtuoso desprecio por el otro propio de nuestra cultura; inconscientes o premeditados, se traman ahí todos los prejuicios, los tópicos, las medias verdades, las generalizaciones, las leyendas, los datos de oídas, los pintoresquismos, el repertorio completo de la literatura colonial que vuelve, al parecer, con el propio colonialismo. Pero Vargas Llosa sólo me interesa como ejemplo privilegiado y para ilustrar con este pasaje la cuestión crucial de las "imágenes", que es la cuestión misma del dominio en una época marcada más que ninguna otra -con su refrendo tecnológico- por la desigualdad de la mirada.

La inquietante posibilidad técnica de liberar la imagen de un cuerpo y reproducirla ilimitadamente hace que por primera vez la explotación capitalista no se centre sólo en el eje físico del cuerpo. La fotografía ha exteriorizado el "alma", que a partir de ese momento se convierte, al alcance de la mano, en una mercancía, un objeto de disputa y una fuente de riqueza inagotable. También, claro, en un instrumento de dominio. El mercado medieval de las reliquias religiosas y el espectáculo de los triunfos romanos anticiparon de algún modo, limitados por su carácter metonímico, esta batalla por las "imágenes" que la técnica ha liberado definitivamente en los vastos espacios del comercio y la jerarquía. La iglesia o el príncipe medievales se tenían que conformar con comprar y vender una parte del cuerpo de un santo; los clubs de fútbol y las grandes multinacionales pueden hoy comprar y vender millones de veces el cuerpo entero -y todas sus gestos y posturas- de una estrella del balón. El cónsul romano tenía que conformarse con exhibir algunos signos de su victoria -los tesoros o los ropajes del rey derrotado-; hoy los gobiernos y los periódicos pueden exhibir ininterrumpidamente la genuflexión de los vencidos.

En nuestros días un hombre tiene que cuidar de su cuerpo y de su doble. Hay dos clases de personas: aquéllas que pueden vender su imagen, como el esclavo Beckham, que es menos dueño de sí mismo que un negro en una plantación, porque ha renunciado también a los derechos sobre su alma; y aquéllos a los que roban su imagen después de robarles todo lo demás. Aquellos que venden su imagen se convierten en "marcas" (humanos marcados, como las reses, con el fuego de un logotipo). Aquellos a los que roban su imagen se convierten en "trofeos". Es verdad que sigue existiendo el concepto clásico, romano, del trofeo: los soldados estadounidenses, por ejemplo, subastan en internet (cruce elocuente de barbarie antigua y tecnología moderna) banderas, uniformes y cuchillos que arrebataron a los iraquíes inclinándose cuidadosamente sobre sus cadáveres. Pero el trofeo ahora es una ley, un modelo, una costumbre del ojo. Alain Gresh reproduce las declaraciones de un argelino tras el 11-S: "Es extraordinario, por primera vez somos nosotros los que estamos a este lado de la pantalla y ellos al otro. Habitualmente, son ellos los que nos ven morir en la televisión". Sería un magro y cruel consuelo, pero no es cierto. Porque desgraciadamente nunca hay equilibrio. Nuestra tribu protege tan bien a sus muertos como desprecia los de los demás. Nunca vimos las víctimas calcinadas, derretidas, descompuestas de las Torres Gemelas; nunca fueron trofeos. En un doble movimiento indisociable, nos ocultaron sus imágenes y nos dieron sus nombres para que conservaran su identidad humana y no pudieran ser tratados como objetos. Las de los iraquíes, en cambio, se exhiben porque son, han sido siempre trofeos, imágenes desprovistas de nombre o dotadas a lo sumo de uno arquetípico, como en el reportaje de Morgana y Mario Vargas Llosa. Trofeos militares, sí, pero sobre todo trofeos culturales, trofeos literarios, trofeos estéticos, trofeos -en suma- de nuestra superioridad natural. El triunfo a la romana, limitado en el tiempo y en el espacio, ha sido sustituido por este triunfo a la moderna en el que la tecnología, al servicio de los vencedores, permite poner ante nuestra vista permanentemente -y que aceptemos como un hecho natural- nuestra permanente victoria y la permanente derrota de los demás. Las crónicas de Vargas LLosa son sólo una muestra señera de una industria de la percepción que reduce a los iraquíes -a los pobres, a los sometidos, a los vencidos de todo el mundo- a la condición de trofeos eternos de nuestro majestuoso desprecio de los otros. Los fotografíados, los despojados de su imagen, los que no pueden proteger su cara -wuiyh en árabe, sinónimo de "dignidad"- son siempre los mismos: aquellos que están tan completamente a nuestra merced que lo mismo podemos descerrajarles un tiro que concederles una limosna. En nuestra tribu lo primero no es pecado y lo segundo es, por supuesto, admirado y elogiado; lo primero no nos hace sentir mal y lo segundo nos hace sentir muy buenos.

Soy un iconoclasta. Los iconoclastas creían que el poder de Dios no podía quedar contenido y limitado en ninguna imagen material. Yo creo que la imagen del hombre no puede ser reproducida y explotada sin limitar su libertad. El primer día de bombardeos sobre Bagdad, el 19 de marzo del 2003, hice voto de pobreza visual y decidí -hasta el momento de la victoria sobre el capitalismo- renunciar a todas las imágenes en una sociedad que, como escribía Walter Benjamin hace ya sesenta años, "ha convertido no sólo la miseria, sino incluso la lucha contra la miseria, en un objeto de consumo". Los efectos colaterales de la satisfacción estética son desgraciadamente los mismos que los de la ambición económica y territorial, el beneficio empresarial y el expansionismo colonial: miles de niños muertos, mutilados, abandonados, despreciados.

Pero -lo confieso- he visto una fotografía, una sola, porque a veces una imagen robada proporciona sobre todo la imagen del robo mismo. Es la foto de un padre y una hija (como lo son Mario Vargas Llosa y Morgana) heridos en una misma camilla. Como trofeos que son, no sabemos sus nombres y por eso casi ni podemos imaginar que tengan amigos o parientes que, al ver esa imagen, los reconozcan; se tiene la sensación de que han sido creados por la misma bomba que los ha hecho saltar por los aires y los ha puesto delante del objetivo. Y aún así impresionan, hieren, sacuden la conciencia. El es un hombre enjuto, menudo, de mediana edad, mal afeitado; abraza a su hija ensangrentada por detrás de la cabeza, como en un instintivo e inútil gesto de protección que hubiese sobrevivido -quizás la única cosa- al bombardeo. Lo terrible, lo monstruoso, lo que no podemos soportar es que él está llorando; está llorando como sólo los hombres lo hacen, aparatosamente, como una criatura, desarmado, desamparado, sin nada ya en que apoyarse para sentir vergüenza. Y lo terrible es que inmediatamente comprendemos por qué. No llora por el dolor de sus heridas, ni siquiera por el dolor mucho más importante del de su niña tronchada junto a su costado. Llora porque ha decepcionado la confianza de su hija, que lo creía fuerte y poderoso y que a su lado se sentía a cubierto de todo mal. Llora porque ese rayo del cielo ha revelado su secreto y expuesto a la luz del día su fracaso: ahora su hija sabe que es un hombre pequeño, vulnerable, insuficiente; que su amor es más débil que las esquirlas de un misil; que su brazo y su palabra no pueden salvarla de todos los peligros de este mundo. LLora y llora sin consuelo porque él es diminuto y su niña, de pronto, se ha hecho mayor. El máximo poder, la máxima seguridad de este mundo, la paternidad, ha sido derribada como un palillo por una bola de fuego -y una voluntad de juego. Una fuerza capaz de destruir esto tiene que ser necesariamente muy grande; pero una fuerza más grande que el amor y la confianza -en nuestra tribu y por todas partes- sólo puede ser un pecado.

De este lado del mundo, hace ya mucho tiempo que no confiamos en la paternidad y por eso nos creemos -y creemos a nuestros hijos- completamente invulnerables. Creemos, más bien, en esa fuerza de destrucción (bolas de fuego y voluntad de juego) y en nuestro simple y tranquilo desprecio del otro. Después de todo, nosotros seguimos a este lado de la pantalla de televisión. ¿Es esto realismo?

A un hombre se le roba su tierra, su casa, su familia, su fuerza, su salud y luego se le roba también su imagen. Se convierte así en un trofeo. Y cuando se le ha convertido en un trofeo mediante esta sustracción de cualidades; cuando ha sido limado, serrado, aislado y reducido a un despojo; cuando ya no tiene nada con qué defenderse, ni siquiera un lenguaje, entonces podemos quizás apiadarnos de él y hasta proporcionarle algunos cuidados. En nuestra tribu a esto le llamamos humanitarismo. Iraq ha sido devastado por los estadounidenses, sus niños bombardeados desde el aire por los estadounidenses, sus centrales eléctricas y potabilizadoras destruidas por los estadounidenses, su patrimonio artístico saqueado por los estadounidenses, muchos de sus hombres encerrados y torturados por los estadounidenses y su petróleo les ha sido arrebatado por los estadounidenses, pero afortunadamente a continuación llegaron los estadounidenses y empezaron a repartirles botellas de agua mineral. ¿Deberían sentirse orgullosos? El capitán Kevin Brown dirige la operación de distribución de salarios a ex-militares iraquíes en la calle A-Zaura de Bagdad y lo hace sin dejarse llevar por el rencor y refrenando al mismo tiempo la tentación de sentirse bueno: "No siento nada por ayudar a los que nos disparaban hace unos meses". Es la frase muy coherente de un invasor. El se limita a cumplir con sus deberes de criminal, con arreglo al nuevo código moral de nuestra tribu: matad, robad, humillad, pero acordados siempre de dejar una muleta y un dólar, aunque vuestros beneficiarios no os lo agradezcan. "Haz el bien y no mires a quién"; es decir, haz el bien incluso -incluso- a los que has matado de sed, de hambre, por enfermedad o por arma de fuego. Haz el bien incluso a tus víctimas. Este es el gran abismo moral que media entre el capitán Kevin Brown y esos a los que llamamos "terroristas" con un criterio más bien borroso para designar, sobre todo, su común falta de humanitarismo. Porque si, después de un atentado, los "terroristas" dejasen como regalo en el cuerpo de sus víctimas un billete de lotería para la familia o un vale para un gabinete psicológico, entonces Aznar y Bush los apreciarían tanto como a los marines, aunque siguiesen operando a mucha más pequeña escala y produciendo muchos menos muertos. ¿O no?

Lo cierto es que la desaparición definitiva del espacio político tras el 11-S -con esa proliferación de leyes liberticidas en todo el planeta- ha simplificado enormemente el universo mental de nuestra tribu y la práctica de nuestros gobernantes. Todo es ya sólo cuestión de "terrorismo" o de "humanitarismo", dos conceptos gemelos, nacidos de una misma raíz y que comparten el mismo suelo ontológico: sólo se puede tratar de dos maneras a aquéllos a los que se ha negado incluso la voz y que apenas si pueden defenderse: o el exterminio o la limosna, al arbitrio de las estrategias puntuales de los partidos y los ejércitos. La gran operación "anti-terrorista" y la gran operación "humanitarista", gestionadas por las mismas fuerzas militares, presuponen la misma consideración acerca de sus víctimas-beneficiarios. Un hombre es un "terrorista" -y es ese vacío lo que nombra la palabra- en la medida en que se le priva de su condición política, en que se le despoja de toda capacidad para negociar, en que no se le reconoce ni siquiera el estatuto de "enemigo"; en la medida, pues, en que se le trata como a un inasimilable universal , fuera de los límites de la humanidad, un otro absoluto con el que no puede haber ninguna clase de diálogo y contra el que todo está permitido (incluso al margen del derecho, como en el caso de los así llamados "asesinatos selectivos" practicados por Israel y EEUU). Pero lo mismo ocurre con el "humanitarismo": sólo cuando a un hombre se le ha despojado de su casa, de su familia, de su tierra, incluso de su pasaporte, sólo cuando se le ha privado de todo aquello que le identifica como "humano" -según esa paradoja que ya señaló Hannah Arendt-, se invocan para él los derechos humanos. Es necesario haber deshumanizado radicalmente a un hombre, haberlo expulsado a golpes de la humanidad, para que sea tratado de un modo humanitario. "Terrorismo" designa la "inhumanidad" del que combate; "humanitarismo" designa la "humanidad" del que lo practica, y la idea misma del "humanitarismo" exige de algún modo la discontinuidad ontológica del beneficiario: se es humano con los humanos, pero humanitario con los perros abandonados. Es difícil imaginar mayor cinismo, mayor crueldad que la que entraña esta magnífica paradoja de la moral de nuestra tribu: los mismos que privan a un hombre de su humanidad, luego le dispensan cuidados humanitarios. Pienso en el caso terrible de Ali Ismain, el niño iraquí al que los compañeros brigadistas visitaron en el hospital a los pocos días de comenzar los bombardeos sobre Bagdad. Un misil estadounidense destruyó su casa, mató a sus padres, a sus hermanos y a toda su familia y le arrancó los dos brazos. Luego, en medio de una gran pompa mediática, los mismos que habían arruinado para siempre su vida le sacaron del país y le llevaron al mejor hospital de Kuwait. Cuando los estadounidenses se marchen, Ali Ismain dormirá en algún basurero de Bagdad y se apostará de día a la puerta del MacDonalds para recoger con la boca la limosna displicente de un nuevo rico. Sería ingratitud, y de las más negras, que se pusiera a pensar más bien en alguna forma para poder luchar sin manos.

En este verano del 2003 en el que redacto estas líneas, nuestros bravos legionarios humanitarios han partido para Iraq como fuerzas de ocupación y bajo la égida de Santiago Apostol, y los mismos que salieron a la calle hace seis meses para tratar de impedir la invasión hoy les desean suerte en su misión. Pero es que la invasión estaba mal y esto es sólo peor. Aquello era un crimen y esto, en cambio, es un crimen mayor. A veces las cosas son tan simples -decía al comienzo de estas páginas- que uno se deja llevar por el desánimo. No nos desanimemos. Iraq existe. Iraq resiste. Y ni todo el humanitarismo del mundo, con su simple y tranquilo desprecio del otro, podrá acallar la trágica complejidad -irreductible a las evidencias de los poderosos- de lo que está aún por venir. Estoy seguro de que nuestros filántropos armados volverán pronto a casa. Y que Ali Ismain aplaudirá con las dos alas que no pudieron arrancarle y hará el signo de la victoria -no sé- con dos risas, dos rabias o dos chorros de voz.