"Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror...” Rodolfo Walsh. Periodista argentino secuestrado y asesinado por la dictadura de su país, 25 de marzo de 1977.
lunes, marzo 22, 2010
FACSO: "Que se derrumben los sentidos comunes y se reconstruyan las comunidades. Reflexiones a partir del Terremoto y Maremoto en Chile".
martes, marzo 02, 2010
Terremoto y Tsunami en una Sociedad de Consumo de 1960 al 2010
Victor Ramos
(Publicado el Sábado 6 de Marzo en www.elciudadano.cl sección de Ciudadanos al Poder. Link Articulo)
(Publicado el Sábado 6 de Marzo en Rebelion.org sección Chile. Link Articulo)Hace 40 años se retira la ética-política a punta de pistola, torturas y desaparecidos en las poblaciones más pobres de Chile. Arden los libros de Marx, del Che, de Rosa Luxemburgo, Walter Benjamin, Rimbaud y Neruda en pasajes y calles de las ciudades. Se persigue y expulsa la cultura popular, se destruyen todos los sindicatos de trabajadores, se venden las riquezas básicas de una Nación a empresas de capitales autóctonos como extranjeros. Se remata el Estado y el Gasto Social se reduce al mínimo. Se inyecta la ley del libre mercado en el espíritu de un país con un 45% de la población bajo la línea de la pobreza. Los que ayer eran agitadores o militantes políticos que hablaban de la lucha de clases y la nacionalización de la riqueza para industrializar y desarrollar al país, obreros cultos e informados que hablaban del circulo de Paris y la deuda externa, ahora se transforman en el “ejército de reserva” de una economía de mercado, “mano de obra barata” y a la espera de un puesto de trabajo. Los militantes políticos de mejor situación, son acomodados en el extranjero en buenos puestos de trabajo y universidades, para volver después en los ´90 a gobernar otra vez, pero convertidos al capitalismo y creyendo el dogma de la única vía del libre mercado y la libre competencia. Queriendo parecer buenos alumnos a los países que los acogieron.
Y Luego, 20 años de gobierno donde la promesas de democracia profunda quedaron en promesas. Donde la superación de la pobreza aparece en los informes de gobierno, pero no en las calles, donde en coherencia con la mentalidad de mercado la salud pública ofrece atender ciertas enfermedades y otras no. Donde las viviendas sociales son una vergüenza humanitaria, la educación otra forma de lucrar, donde la televisión terminó de banalizar y frivolizar todo lo que pudiese ser de alguna manera simbólico o significativo, donde los medios de comunicación se encargaron de volver a ese “ejército de reserva” y “mano de obra barata” del mercado en una masa deseosa de consumir, consumir bienes y Marcas, estatus asociados a esas Marcas. Donde la lógica de mercado transformó todo, todo en mercancías con su respectivo precio y cada cual en sus vitrinas, desde los objetos y la naturaleza hasta las personas y los animales. En un contexto global donde nuestro sobreconsumo de bienes y servicios nos lleva caminando al colapso ecológico y al mismo tiempo donde la publicidad machaca día tras día, hora tras hora ininterrumpidamente con productos que cambiaran ahora sí, nuestra vida.
Una ciudad devastada por un evento natural excepcional, que la ha golpeado por mar y por tierra, una ciudad en el suelo, a oscuras, incomunicada, con temporales de viento y lluvia, que ha pasado por el peor terremoto que se tenga registro en la Historia, una ciudad que sin preocuparse por sí misma, ni sus habitantes por sí mismos, habitantes inundados de una ética del trabajo, de la solidaridad como principio, se unen junto a las empresas estatales de Endesa, Corfo y el Ejército (1) y suben a trabajar sin descanso para evitar lo que hubiese sido aun más trágico que el terremoto y tsumani vivido horas atrás, el desborde del lago Riñigue. Trabajando en las peores condiciones climáticas, tragándose y guardándose para otro momento el miedo y el frio y el luto y el hambre y el sueño y el cansancio y sin buscar ninguna otra recompensa con ese acto que el “bien común”, el bien común... (2) En definitiva logran evitar que todo un lago se abalance sobre la ciudad de Valdivia con 100.000 habitantes en ese fatídico Mayo de 1960. Ese acto fue conocido como la “Hazaña” o la “Epopeya de Riñigue” o el “Riñihuazo”. En las crónicas del terremoto del ´60 no figuran saqueos, ni toques de queda, ni incendios efectuados por los propios habitantes.
Una ciudad devastada por un catástrofe natural, que la ha golpeado por mar y por tierra, una ciudad en el suelo, a oscuras, incomunicada, sin electricidad ni teléfonos fijos ni móviles, que ha pasado por el 5º peor terremoto de la Historia, se hunde en el caos social por desabastecimiento y colapso de bienes de primera necesidad. Donde entre las multitudes que se agolpan a las afueras de un supermercado para poder conseguir alimentación, asoma lo mejor de la escuela de los últimos 40 años, buenos consumidores consiguiendo ese objetivo soñado noche tras noche antes de acostarse viendo inertes la pantalla y su publicidad, levantadas las barreras económicas que lo distanciaban de tan ansiado producto, de tan adorada mercancía, la televisión de plasma del máximo de pulgadas posible es cargada y llevada para reducir por fin esa angustia de carencia que se siente al no tener lo que el sistema dice es necesario tener. Esa lavadora que dejará la ropa como nueva, el microondas que permitirá que no cocinemos, la zapatillas de los grandes artistas, las cervezas de comunión nacional, etc., etc., ¿Y el pan? ¿Leche? ¿Arroz?... (1)
Entonces asoma la máxima que ha practicado por 40 años desde nuestro Presidente electo y sus grandes triunfos en la bolsa especulando y desfalcando bancos, hasta el último de los diputados en las elecciones, la máxima del “yo primero y los demás no importan”, y bandas de personas asaltan las pocas cosas de sus propios vecinos. Es todos contra todos, lo que Rosa Luxemburgo refería con su ya legendaria frase de “Socialismo o Barbarie”. Y todos al mismo tiempo se preguntan ¿Cómo?? ¿Cómo??. Pues ha sido un largo camino para llegar hasta aquí, pero no por eso no puede ser rastreado. Los nietos de los que vivieron el terremoto de hace 50 años en Valdivia son lo inverso de sus abuelos. Perdida, perseguida y casi extinta la ética en todo occidente, reemplazada por la Estética del Consumo, todo se justifica por el fin último de la vida, el de tener lo último en tecnología, lo último en Marcas de ropas, de automóviles, etc., etc. En un circulo sin fin, vivimos bajo el estado de sitio de la fabrica constante de deseos y deseos que nos lleven a consumir, y a la primera que la barrera entre deseo y satisfacción del deseo se acorta no se piensa en nada más. ¿Es un colapso moral? Juzgue usted. Lo último que el capitalismo necesita es gente con capacidad de contener y postergar sus propios deseos. Lo último que el libre mercado necesita es gente dispuesta a no comercializar ni vender ni comprar ni adquirir ni especular. Ha sido un arduo trabajo, pero se ha conseguido.
La foto es de junio de 1960 aparecida en el diario La Nación, de trabajadores que todavía estaban consolidando y terminando el dique del Riñihue… miren sus caras… Son en el fondo nuestros abuelos de un país que ya no existe, el cual todo su legado está siendo borrado por todo un sistema que colapsa moralmente. Pero aún, pese a todo y contra todo, existen personas que están dispuestas a ir a contracorriente, vaya mi saludo y solidaridad con todas ellas.
(1)http://www.memoriachilena.cl/temas/documento_detalle.asp?id=MC0000526
(2) http://www.angelfire.com/nt/terremotoValdivia/rinihue.html
(3) Bauman, Zygmunt. (2007): Vida de Consumo. Madrid, Fondo de Cultura Económico de España.
sábado, febrero 13, 2010
Aprender de Haití
Ignacio Ramonet
Le Monde Diplomatique
Por muy "natural" que parezca, ninguna catástrofe es natural. Un seísmo de intensidad idéntica causa más víctimas en un país empobrecido que en otro rico e industrializado. Ejemplo: el terremoto de Haití, de magnitud 7,0 en la escala de Richter, ha ocasionado más de cien mil muertos, mientras que el de Honshu (Japón), de idéntica fuerza (7,1), acaecido hace seis meses, apenas provocó un muerto y un herido.
"Los países más pobres y los que tienen problemas de gobernabilidad están más expuestos a riesgos que los otros", confirma un reciente informe de la ONU (1). En una misma ciudad, el impacto humano de una calamidad puede ser muy distinto según las características de los barrios. En Puerto Príncipe, el seísmo se ensañó con las desvencijadas barriadas populares del centro. En cambio, los distritos privilegiados de la burguesía mulata comerciante apenas padecieron estragos.
Tampoco son iguales los pobres ante la adversidad. La Federación Internacional de la Cruz Roja sostiene que, en caso de desastre, "las mujeres, los discapacitados, los ancianos y las minorías étnicas o religiosas, víctimas habituales de la discriminación, son más castigados que los demás" (2).
Por otra parte, aunque un país no sea rico, si se dota de una política eficaz de prevención de catástrofes puede salvar muchas vidas. En agosto de 2008, el ciclón Gustav, el más violento de los últimos cincuenta años, azotó el Caribe con vientos de 340 kilómetros por hora. En Haití mató a 66 personas. Sin embargo, en Cuba no causó ninguna víctima mortal...
¿Es Haití un país pobre? En verdad, no hay países pobres; sólo existen "países empobrecidos". No es lo mismo. En el último tercio del siglo XVIII, Haití era la Perla de las Antillas y producía el 60% del café y el 75% del azúcar que se consumía en Europa. Pero, de su gran riqueza sólo se beneficiaban unos 50.000 colonos blancos, y no los 500.000 esclavos negros que la producían.
Invocando los nobles ideales de la Revolución Francesa, esos esclavos se sublevaron en 1791 al mando de Toussaint Louverture, el Espartaco negro . La guerra duró trece años. Napoleón envíó una expedición de 43.000 veteranos. Triunfaron los insurrectos. Fue la primera guerra racial anticolonial y la única rebelión de esclavos que desembocó en un Estado soberano.
El 1 de enero de 1804, se proclamó la independencia. Sonó como un aldabonazo en el continente americano. Los esclavos negros demostraban que, por su propia lucha, sin la ayuda de nadie, podían conquistar la libertad. Afro-América emergía en la escena política internacional.
Pero el "mal ejemplo" de Haití -así lo calificó el Presidente de Estados Unidos, Thomas Jefferson- aterrorizó a las potencias que seguían practicando la esclavitud. No se le perdonó. Y nadie reconoció, ni ayudó a la nueva república negra, pesadilla del colonialismo blanco. Aún hoy, el viejo terror no ha desaparecido. Pat Robertson, telepredicador estadounidense, ¿no acaba acaso de afirmar: "Miles de hatianos han muerto en el seísmo porque los esclavos de Haití hicieron un pacto con el diablo para obtener su libertad" (3)?
El nuevo Estado independiente fue boicoteado durante decenios con la idea de "recluir la peste" en ese país. Haití cayó en guerras civiles que arrasaron su territorio. Se perdió la necesaria etapa de construcción de un Estado-nación. Institucionalmente, a pesar de la gran calidad de sus numerosos intelectuales, el país quedó estancado.
Después vino el tiempo de la ocupación por Estados Unidos que duró de 1915 a 1934. Y de la guerra de resistencia. El héroe de la rebelión, Charlemagne Péralte, fue crucificado por los marines, clavado en la puerta de una iglesia... Washington acabó por ceder Haití a nuevos dictadores, entre ellos: Papa Doc Duvalier, uno de los más despóticos.
En los años 1970, aún gozaba Haití de soberanía alimentaria, sus agricultores producían el 90% de los alimentos que consumía la población. Pero el Plan Reagan-Bush, impuesto por Washington, obligó a suprimir los aranceles sobre la importación de arroz, producto básico del cultivo local. El arroz estadounidense, más barato porque estaba subvencionado, inundó el mercado local y arruinó a miles de campesinos que emigraron en masa a la capital, donde el seísmo los ha atrapado...
La única experiencia de gobierno realmente democrático, fue la de Jean-Bertrand Aristide, dos veces Presidente (1994-1996 y 2001-2004). Pero sus propios errores y la presión de Washington lo empujaron al exilio. Desde entonces, de hecho, Haití se halla bajo tutela de la ONU y de un conglomerado de ONG internacionales. El Gobierno de René Préval ha sido sistemáticamente privado de medios de acción. Por eso resulta absurdo reprocharle su inoperancia ante los efectos del seísmo. Hace tiempo que el sector público fue desmantelado y sus principales actividades transferidas, si eran rentables, al sector privado, o a las ONG cuando no lo eran. Antes de convertirse en el Ground Zero del planeta, Haití ya era el primer caso de "colonialismo humanitario". La tragedia reforzará la dependencia. Y por consiguiente las resistencias. El "capitalismo de choque", descrito por Naomi Klein, hallará una nueva ocasión de reclamar -en nombre de la eficacia- la privatización integral de todas las actividades económicas y comerciales ligadas a la reconstrucción.
Estados Unidos está en primera línea, con sus Fuerzas Armadas desplegadas en una ofensiva humanitaria de gran envergadura. Resultado sin duda de un generoso deseo de socorrer. Pero también de indiscutibles intereses geopolíticos. Washington prefiere invadir Haití de ayuda que ver invadidas sus costas por decenas de miles de boat people haitianos. En el fondo, se trata de la misma vieja obsesión: "recluir la peste"...
Notas:
(1) Riesgo y pobreza en un clima cambiante. Invertir hoy para un mañana más seguro , Naciones Unidas, Nueva York, mayo de 2009.
(2) Informe Mundial sobre los desastres 2009 , Cruz Roja Internacional, Ginebra, julio de 2009. (3) Christian Broadcasting Network, 14 de enero de 2010.
Fuente: http://www.monde-diplomatique.es/isum/Main?ISUM_Portal=1
jueves, septiembre 24, 2009
A Proposito de Honduras. La Pedagogía del Millón de Muertos
Publico a continuación, a propopsito de Honduras y la eterna historia de América Latina, un extracto del prólogo de Santiago Alba Rico a un libro de Carlos Fernández Liria. El prólogo se llama "La Pedagogía del Millón de Muertos".
..."Si de algo fue un “ensayo” la guerra civil española fue de las intervenciones estadounidenses en Latinoamérica a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, según un principio que ya he enunciado en otras ocasiones: cada treinta años se mata a casi todo el mundo y después se deja votar a los supervivientes. Cien años de levantamientos y revoluciones en Francia acabaron en 1871 con el establecimiento de una república democrática: los 30.000 fusilados de la Comuna de París constituyen el modelo “democratizador” que sesenta años más tarde dará al traste con la República española y que todavía hoy se sigue aplicando en muchas regiones del globo.
La “guerra civil” española, pues, no fue sino una manifestación más de esa “pedagogía del voto” capitalista que la recurrencia estadística ha acabado por asociar a América Latina. No está de más, por tanto, recordar algunos datos de todos conocidos.
En Argentina, entre 1976 y 1983, la dictadura militar produce 30,000 muertos y desaparecidos, como consecuencia del principio establecido en 1977 por el general de brigada Manuel Saint Jean, gobernador de Buenos Aires: “Primero vamos a matar a todos los subversivos, después a sus colaboradores; después a los simpatizantes; después a los indiferentes, y por último, a los tímidos”.
En Chile, entre 1973 y 1988, Pinochet hace desaparecer al menos a 3197 personas y tortura a más de 35.000. Los propósitos “pedagógicos” del dictador, y los límites de la democracia restaurada por él mismo, fueron explícitamente expresados en una famosa declaración en vísperas de las elecciones de 1989: “Estoy dispuesto a aceptar el resultado de las elecciones, con tal de que no gane ninguna opción de izquierdas”.
En El Salvador, entre 1980 y 1991, la guerra civil ocasiona 75.000 muertos y desaparecidos.
Al régimen del general Strossner, que zapateó Paraguay entre 1954 y 1989, se le imputan alrededor de 11 mil desaparecidos y asesinados, además de centenares de presos políticos y exilios forzados.
Según el informe de la Comisión por la Verdad y la Reconciliación, entre 1980 y el año 2000 el balance en Perú es de 70.000 muertos y 4.000 desaparecidos. El general Luis Cisneros Vizquerra, presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas declara en octubre de 1983: "Para que las Fuerzas policiales puedan tener éxito, tienen que comenzar a matar senderistas y no senderistas. Matan a 60 personas y a lo mejor entre ellos hay tres senderistas. Esta es la única forma de ganar a la subversión".
En Guatemala, entre 1960 y 1996 se registran 50.000 desaparecidos y 200.000 muertos, según la comisión de Esclarecimiento Histórico de 1999, que atribuye el 93% de las víctimas a los militares.
En Uruguay, entre Junio de 1973 a Febrero de 1985, uno de cada cinco ciudadanos pasó por las cárcel; uno de cada diez fue torturado; una quinta parte de la poblacion (unas 600.000 personas) se vio obligada a emigrar, cientos desaparecieron; otros sencillamente fueron asesinados.
En Haití, bajo la dinastía de los Duvalier entre 1957 y 1986, son asesinadas más de 200.000 personas, a las que hay que añadir las miles de víctimas del golpe de Estado de Raoul Cedras contra Aristide y las que se han producido en los dos últimos años tras el nuevo derrocamiento violento del presidente electo y antes de la victoria electoral de René Preval.
En Nicaragua, la dictadura de los Somoza produce al menos 50.000 muertos, a los que hay que sumar otras 38.000 víctimas mortales como consecuencia de la guerra de baja intensidad sostenida en la década de los 80, con el apoyo y financiamiento estadounidense, contra el gobierno democrático sandinista.
El caso de Colombia adquiere dimensiones casi dantescas. La magnitud del exterminio es tal que no hay cifras totales, ni siquiera aproximadas, para los últimos 40 años de “pedagogía del voto” capitalista. A partir de los años 80 se calcula en torno a los 20.000 muertos todos los años, 4.000 de ellos relacionados con la violencia política (lo que, extrapolando abusivamente los datos, daría un cómputo global de unos 200.000 muertos desde 1965). Sólo en los últimos años, las Asociaciones de Familiares Desaparecidos han denunciado 7.000 desapariciones; el número de desplazados internos en los últimos 20 años es de 3.500.000. Colombia registra el único caso conocido de un verdadero y sistemático “genocidio” político ejecutado contra una fuerza legal, la Unión Patriótica, 5.000 de cuyos miembros –diputados, senadores, afiliados- fueron asesinados en 10 años, haciendo ciertas las declaraciones de un miembro del ELN, según el cual en Colombia “es mucho más peligroso hacer política que luchar en la guerrilla”.
A los muertos de la “pedagogía del voto” capitalista en los países mencionados, habría que añadir las miles de víctimas en la República Dominicana, Honduras, Brasil, México, Bolivia o la propia Venezuela, ortopédicamente dirigida durante décadas por las dos tenazas del cangrejo adeco-copeyano y cuyo último episodio sangriento fue el llamado “caracazo” de 1989 con sus entre 400 y 2000 civiles asesinados, según las fuentes.
La “pedagogía del voto” capitalista, con sus millones de muertos, ha pretendido que los latinoamericanos supervivientes acudiesen a las urnas, cuando eso se les ha permitido, bajo la amenaza oligárquica de esta alternativa terrible: el voto o la vida. Pero precisamente Venezuela ha demostrado que se puede votar libremente y, del mismo modo que el miedo es contagioso, también lo es la audacia. Los latinoamericanos, a pesar de los muertos, los torturados y los desaparecidos, a pesar del desierto inducido en el que sólo crecen el olvido y el terror, ha perdido el miedo a votar incorrectamente. Es decir, democráticamente. La nueva democracia latinoamericana, como nos lo recuerdan las jornadas de abril del 2002 en Venezuela, expone a un peligro adicional a sus pueblos: cuanto más incorrectamente voten más recurrirán los EEUU (y sus aliados europeos) a “pedagogías” clásicas y extremas. Cuanto más aislados estén sus pueblos, más tentados se sentirán los EEUU (y sus aliados europeos) de recurrir a la violencia “educativa”. Por eso la defensa de Venezuela debe ser epidémica; es decir, bolivariana; es decir, depende del contagio irresistible de la audacia –que ya se anuncia- al mayor número de países, de manera que, como quería Bolívar, una vasta confederación latinoamericana sea capaz, mediante ALBAS o auroras, de disuadir de momento (a la espera del despertar de su propio pueblo) al imperialismo estadounidense y a las fuerzas que lo apoyan.
Pero la “pedagogía del voto” capitalista, con sus horribles cifras de cadáveres, debe ser evocada también a favor de Cuba, obstinada anomalía que se sustrajo al siniestro balance de “la educación para el capitalismo”. El pueblo de Cuba se autodeterminó mediante una revolución armada y desde entonces se ha defendido sola, con las dificultades y deformaciones que de un milagro semejante se derivan. En comparación con lo que ha sido la situación del resto de Latinoamérica, podemos no tener en cuenta, si despreciamos la humanidad, las vidas que ha salvado la revolución gracias a su medicina pública, la eliminación de la desnutrición o la desaparición de la marginalidad y la violencia mafiosa –por citar apenas tres factores de letal eficacia en todo el mundo. De hecho, estos logros inapreciables son habitualmente silenciados o menospreciados, desde los medios de comunicación, por los que consideran que el riesgo (para los otros) es inseparable de la (propia) libertad; y que más vale que se mueran de hambre (o de gripe o baleados) los demás a morir uno mismo de aburrimiento. Pero lo que no se puede de ninguna manera menospreciar, y sin embargo nunca lo mencionamos, ni siquiera desde la izquierda, es que la revolución cubana, durante más de cuarenta años, ha mantenido al pueblo cubano protegido de la “pedagogía del voto” capitalista que ha devastado, con la regularidad de una marea y la precisión de un esquema, uno por uno y todos a la vez, todos los países de América Latina. Si nos atenemos a los datos citados y hacemos una media ajustada hacia abajo, podemos concluir muy prudentemente que, cuarenta años después, la revolución cubana ha salvado por lo menos a 30.000 personas de morir brutalmente asesinadas. En este mismo período, digámoslo así, en Cuba no sólo se ha vivido mejor que en el resto de Latinoamérica sino que han vivido muchas más personas, todos esos miles de ciudadanos que habrían sido torturados y asesinados por ejércitos, paramilitares, escuadrones de la muerte, dictadores y demócratas afascistados a fin de que los supervivientes votasen al candidato de los EEUU en las intermitencias electorales. Cuba se ha ahorrado 30.000 muertos y sólo por esto valdría la pena apoyarse en su revolución y seguir su ejemplo; y porque este incalculable ahorro de violencia y de cadáveres, después de cuarenta años, ha constituido para los cubanos una verdadera pedagogía cotidiana que, después de cuarenta años y con un resultado exactamente contrario al de España, ha fecundado un pueblo nuevo liberado de la esclavitud mental y material. Por eso Cuba es, al mismo tiempo, fuerte e ingenua; por eso Cuba no ha cedido y difícilmente cederá. Fidel Castro advertía recientemente sobre los peligros de un fracaso endógeno de la revolución; pero entre la reversibilidad desde dentro de la revolución cubana y la irreversibilidad desde dentro del capitalismo español, la diferencia sigue siendo enorme y es la diferencia de dos pedagogías y dos pueblos diferentes, productos respectivamente de una victoria y una derrota: la victoria de la Cuba socialista, con sus límites y sus deformaciones, y la derrota de la España republicana, con sus viejitos firmes, sus campesinos valientes y sus intelectuales despiertos enterrados en las cunetas".